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Videos de Proyecto Evangelizando con la Música: "Afinando El Corazón" - Marcelo Cid

Les comparto esta iniciativa del cantante católico chileno  Marcelo Cid: "Afinando El Corazón" quien en ...

Semanas 2017

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JUBILEO DE MISERICORDIA

Catecismo Católico

Vicaría Esperanza Joven

Misión Joven

CRUZ DE CRISTO

CRUZ DE CRISTO

JESUCRISTO

JESUCRISTO

VIRGEN MARÍA

VIRGEN MARÍA

Oración de Combate de San Miguel

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Un Rosario Para Chile

Un Rosario Para Chile
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Libros del exorcista Padre José Fortea (Descargar en PDF)

miércoles, 5 de abril de 2017


Les recomiendo leer algunos de los libros de este sacerdote que con sus obras nos demuestra lo comprometido que está con Jesucristo. Pueden descargar sus libros en el LINK que les dejé al final de esta entrada.

José Antonio Fortea Cucurull (Barbastro, España, 1968) es sacerdote y teólogo especializado en demonología. Cursó sus estudios de Teología para el sacerdocio en la Universidad de Navarra. Se licenció en la especialidad de Historia de la Iglesia en la Facultad de Teología de Comillas. Pertenece al presbiterio de la diócesis de Alcalá de Henares (Madrid). En 1998 defendió su tesis de licenciatura "El exorcismo en la época actual" dirigida por el secretario de la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española. Actualmente está en Roma realizando su doctorado en Teología. 

Fuente Original:

Oración del Padre Nuestro, un pequeño gran detalle: "...líbranos del Mal o líbranos del Maligno? (Argumentos)


En lengua española, cuando rezamos el Padrenuestro, hacemos de este modo la última petición: «Mas líbranos del mal». En italiano se dice «ma liberaci dal male», y en francés «mais délivre-nous du mal». Pero la encontramos diferente en la lengua latina: «sed libera nos a Malo», es decir: “libéranos del Malo”. El Padrenuestro en lengua inglesa es, asimismo más explícito todavía: “but deliver us from evil”,  o sea “líbranos del diablo”.

En algunas versiones del Catecismo católico hemos leído que «en esta petición, el mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios. El ‘diablo’…». De hecho, en algunas versiones de la Biblia aparece claramente «líbranos del Malo» en esa cita del Padrenuestro (Mateo 6, 13); por ejemplo, en la llamada «Biblia Latinoamericana».

¿Qué es más correcto entonces: «líbranos del mal» o «líbranos del Malo»? Don José Antonio Sayés, profesor español de Teología y autor del libro ‘El demonio, ¿realidad o mito?’, afirma que  es un acierto interpretar la frase “líbranos del mal” como “líbranos del Maligno”. Sayés basa su explicación en que “el griego apo tou ponerou utiliza el término masculino, y hay que traducirlo ‘del Maligno’, como dicen todos los exégetas”.

De similar manera opina el exorcista oficial del Vaticano, Gabrielle Amorth, cuando dice:  “El propio Jesús nos enseñó una oración de liberación en el Padrenuestro:  “Líbranos del Maligno. Líbranos de la persona de Satanás”. Esta oración fue traducida mal, y hoy la gente ora, diciendo:  “Líbranos del Mal”. Se habla de un mal general, cuyo origen, en el fondo, no se conoce. Sin embargo, el mal contra el que nuestro Señor Jesucristo nos enseñó a luchar, es una persona concreta: Satanás”.

Sobre esta misma cuestión, el sacerdote José Luis Turiel escribe:  “Esta petición del Padrenuestro, propia del evangelio de San Mateo, es la más difícil de explicar en dos palabras y, al mismo tiempo, la que más explicación necesita. Por otra parte, las traducciones litúrgicas catalana o castellana no ayudan a entender su verdadero significado. En realidad estas versiones siguen la tradición occidental, que ha visto en la palabra “mal”, cualquier cosa que haga sufrir (en catalán “qualsevol mal”), sea fruto de nuestra responsabilidad, como el pecado, sea consecuencia de la contingencia o debilidad humana… Pero el texto de san Mateo no dice eso exactamente: puede suponerlo, pero dice más. De hecho la tradición oriental, y algunos Santos Padres de occidente, lo entendieron de otra manera. Jesús quería que pidiéramos ser liberados (“líbranos”), no en el sentido figurado u ocasional, como cuando decimos “verse libre de tal peligro o tal amenaza”, sino en el sentido real y propio, es decir, ser liberados de una situación vital que llamamos “esclavitud”, un estado o una existencia que nos envuelve, nos ata y nos impide ser nosotros mismos”.

“Por eso -continúa Turiel su acertado razonamiento-, este evangelio no dice “líbranos del mal” (una cosa), sino “del malo” (alguien), es decir, de un tirano que nos sojuzga (Mt 6,13).  Como dice R. Guardini, sufrimos los males y descubrimos que existe “la maldad”, que es su fuente; y a su vez reconocemos que señoreando en ese mundo de la maldad está “el malvado” o “Maligno” (Mt 13,19.38; 5,37): éste es el enemigo del hombre, padre de la mentira, el divisor y acusador, el déspota origen de toda opresión… Lo que pedimos es la libertad”.

Profundicemos un poco más en esta cuestión, porque es realmente interesante. Esta frase sólo aparece en el Evangelio de Mateo y parece querer precisar o aclarar el sentido de la petición anterior (“no nos dejes caer en la tentación”, o más bien “no permitas que caigamos en la tentación”). En la Iglesia primitiva se prefirió traducir aquí “Líbranos del Maligno”, con lo cual esta expresión sonaría literalmente así: «Mantennos apartados de la cosa perversa o del Maligno».

En el Nuevo Testamento se usa el término “Maligno” para designar a Satanás en varios pasajes. Aquí van algunos ejemplos: “Sea vuestro lenguaje sí, sí, no, no; lo que pase de ahí procede del Maligno” (Mt 5,37). “Si uno no escucha el discurso sobre el Reino y no lo entiende, viene el Maligno y le arranca lo sembrado en su mente” (Mt13,19). “No pido que los saques del mundo, sino que los libres del Maligno” (Jn 17,15). “Para todo, embrazad el escudo de la fe, en el que se apagarán las flechas incendiarias del Maligno” ( Ef 6, 16). “El Señor, que es fiel, os fortalecerá y protegerá del Maligno” (2Tes 3,3). “Os escribo, jóvenes, que sois fuertes, conserváis el mensaje de Dios y habéis vencido al Maligno” (1Jn 2, 13-14) “El engendrado por Dios lo protege para que el Maligno no lo toque” (1Jn 5, 18-19)…

Jesús nos enseña a rezar esta oración en el Sermón de la Montaña, en el capítulo 6 del evangelio de San Mateo. Bien traducida, bien interpretada por los cristianos, se convierte así en un verdadero exorcismo personal. Si observamos distintas traducciones de la Biblia, muchas optan por colocar “Mal” con mayúscula, es decir una fuerza personal (pervertida y pervertidora, decía Pablo VI), otras “líbranos del Malo” y otras “del Maligno”. Como podemos observar y como hacen referencia los exegetas en las notas explicativas a pie de página en las Sagradas Escrituras, en todos los casos se refiere al Diablo, Demonio o Satanás, pidiéndole al Padre que nos libre de él y de sus influencias nefastas.

Fuente: Blog "Exorcismale"

Imagen Para Reflexionar: Metas Sencillas Para Ser Mejor

viernes, 24 de marzo de 2017

Visita: Catholic Link

Canción Espiritual: "Tú, Mi Hermano" - Cristóbal Fones



Les recomiendo escuchar esta canción "Tú, Mi Hermano" del sacerdote chileno Cristóbal Fones. En ella, se manifiesta lo que Jesús desea de cada uno de nosotros, que nos preocupemos por el prójimo que tiene necesidad de que alguien le tienda una mano. 




Letra de la Canción:
 

Porque tuve hambre, 
porque tuve sed, 
y me diste pan 
y agua de beber; 
porque anduve solo 
y me viniste a ver, 
un poco de cielo 
pude conocer.

Porque andaba triste, 
cansado y con frío, 
y me diste alegre 
tu calor de amigo;
porque me sanaste
cuando estuve herido, 
yo sentí en tus manos 
las de Jesucristo.

Yo te digo: eres mi hermano, 
tú, porque supiste amar. 
No es tiempo perdido, 
tiempo que se da.
No es tiempo perdido, 
tiempo que se da. 

Porque al niño solo 
llevas a tu hogar 
y pan de los hijos 
tú le sabes dar, 
porque a quien te ofende 
sabes perdonar, 
la bondad de Dios 
me has hecho encontrar.

Porque con tus ojos 
suscitas lo bueno, 
porque miras siempre 
mi mejor anhelo, 
porque siempre escuchas 
mi clamor sincero 
descubrí en tu rostro 
todo un mundo nuevo.

Letra: Esteban Gumucio
Música: Andrés Opazo
Intérprete: Cristóbal Fones

Oración para desprenderte de toda angustia

jueves, 23 de febrero de 2017




Los cristianos tenemos que ser personas capaces de enfrentar la prueba y de vencerla, para eso, Dios nos ha dotado a cada uno con talentos y capacidades especiales. Cada uno de nosotros tiene la fuerza y el poder, dado por Dios, para vencer todas las dificultades. Solo basta creer en lo que Dios puede hacer en tu vida. Toma las riendas de tu vida en este momento, aprovecha las oportunidades que Dios te ha dado. ¡Aférrate a su amor!. Pídele a Dios que te guíe:

Señor, sé luz en mi mente, paz en mi corazón, sabiduría en mis decisiones, amor en mis relaciones. Te necesito, sólo Tú eres capaz de calmar mis penas. Sólo en Ti tengo depositada mi esperanza, sólo en Ti podré encontrar un lugar donde protegerme y así no darle lugar al miedo y a las distintas formas del mal.
 
Muchos miedos son los que me atacan a diario. Por eso, hoy, reconozco ante Ti que estoy plagado de miserias, y acudo a Ti como mi amigo y mi hermano, para que me llenes de tu alegría y tu gozo, para que renueves esa fuerza esperanzadora que levanta del suelo a todos quienes confiados a Ti buscan ayuda.
 
Señor mío, Tú conoces todos los vacíos de mi ser, ellos sólo pueden ser llenados por tu gracia y tu presencia. Mis miedos, mis preocupaciones, mis dolores, mis confusiones, sólo pueden encontrar soluciones y sanación en Ti. Sé que con tu ayuda podré superar todos esos miedos que no me dejan avanzar.
 
Muéveme con tu Santo Espíritu. Tú me acompañas y me das valor para enfrentar esas circunstancias que ponen a temblar mis rodillas. Me mantengo fiel a Ti, porque estoy seguro que no me vas a fallar. Toma mi vida Señor, toma mi mente y mi corazón y hazme un fiel discípulo de tu amor.
 
Tú me das la certeza de una esperanza tranquila y llena de gozo cuando, en muchas ocasiones en tu Evangelio, dices "No teman". Quien cree en Ti jamás quedará defraudado y no habrá temor alguno que haga tambalear su fe.
 
Quiero dejar que te acerques siempre a mí, vivir en comunión contigo toda mi vida, que mis faltas jamás me separen de tu amor porque siempre busco tu perdón. Todo miedo que hay dentro de mí se desvanece cuando te acepto y mi boca dice confiado: "Creo en Ti, Señor mío".
 
Toca mi corazón, sánalo, libéralo del miedo y de las situaciones adversas que lo hacen poner inquieto. Eres mi fortaleza y estoy seguro de que tu amor y tu misericordia no se apartan de mi espíritu.
 
Confío en tu promesa fiel, confío en tu Palabra que me conforta. Quiero que también a mí me digas esas palabras de esperanzas que le pronunciaste a Josué "No tengas miedo ni te acobardes, porque Yo, tu Señor y Dios, estaré contigo donde quiera que vayas." (v 1,9)
 
Sopla Señor mío, sopla fuerte, sopla las bendiciones sobre mí que traen consigo tu Espíritu Santo para que me ayudes a creer y a dar un verdadero testimonio de tu amor al mundo, sin temores, sin miedos.
 
Muéveme, Jesús mío, con tu Santo Espíritu, que me acompañe siempre en todos mis retos y en aquellos momentos de desolación y de flaquezas que a veces siento que me tumban al piso y me hacen incapaz de continuar la lucha por ser cada día mejor.
 
Dame la fuerza y tu poder para vencer los miedos y estar libre de angustias. Guía mi corazón y mi mente con el Espíritu Santo, esa presencia poderosa contenida en tus tres divinas personas que ilumina nuestras vidas y nos hace ser personas decididas y valientes en la fe.
 
Te amo Jesús, y confío en que en este momento, Tú estás rompiendo con todas esas cadenas que me tienen atado a la desesperanza, y aunque camine por sendas oscuras, ya no vacilare ni temeré, porque tu fuerza y tu poder están conmigo y me infundes confianza.
 
Amén.
 
Fuente original

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